Emociones al por mayor, una cancha de primer mundo, bueno no tanto, pero eso si los equipos eran de estrellas, cuyas porras en la banda acababan por lanzarnos a la pelea al grito de “ Ave Cesar los que van a morir te saludan”. ¡Que dramático!, pero así nos sentíamos, es mas así era “el campo” del barrio, un espacio de no más de 20 metros de largo, donde cada tarde de verano, solo muriendo los últimos rayos del sol, la pelota comenzaba a rodar y los sentimientos encontrados arremetían los placeres cotidianos y someros.
Y aunque los atuendos no eran los mejores, bastaba con algo cómodo para iniciar las batallas de antología. Muchos participábamos buscando preservar una realidad platónica para todo infante... Jugar fútbol, ganar los refrescos y restregar en la cara de los perdedores la mágica expresión ¡ja, fue seis a cero!.
Hubo muchas tardes grandiosas. No había otra cosa más importante que hacer y tampoco se nos hubiese ocurrido pensar que alguna otra actividad fuera mejor que jugar al fútbol.
¡En serio! A nuestra edad nunca entendimos porqué los grandes de agarraban a golpes por un marcador adverso. Ya que si bien es cierto, esas cosas dolían, aún nosotros sabíamos que no era para tanto. Además qué chiste tendría pelearnos con los rivales, ¿y luego a quién le íbamos a ganar?
Pero volviendo a nuestro campo de fútbol, aún siento ese olor a cancha mojada, pero a diferencia de los pastos verdes que mucho tiempo después conocí, ese perfume de tierra humedecida, producido por algunas gotitas que presagiaban la lluvia, cuya intención era interrumpir nuestro juego. Quizás también emociona por las pinceladas que - en la tierra - pintaban caras y arremetían contra ánimos voluntariosos.
Ah y la sensación de ligereza al terminar, era otra cosa, como si todos nuestros problemas se quedaran en la tierra, y esta ocupara un lugar embadurnada en nuestra apolillada ropa. Y por si quedara algún problemilla en nuestra mente, al culminar los juegos diarios nos recostábamos sobre la cancha y admirábamos la noche con sus estrellas.
Así entre un silencio religioso hecho por nosotros, seguido por los grillos y el mismo viento, nos permitía oír nuestro corazón later, nos dejaba escuchar nuestros mas íntimos pensamientos...Como si nuestra alma se alejara por unos segundos de nuestros cuerpos...Como si elimináramos todos los malos sentimientos que dañan a la humanidad...Como si no estuviéramos ahí.
Lastima todo acaba. Menos nuestra mas férreas intenciones de seguir siendo libres.
Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados